Chile (se) dibuja
Por Christian Álvarez Rojas el 3 de September de 2010
Acciones MICH, Alexis Llerena, Artistas MICH, Chile Dibuja, Christian Álvarez, Comunicados de Prensa, Crítica, Héctor Vergara, Pilar Quinteros, Sebastián Riffo
Somos el cosmos que comienza a observarse y entenderse
Carl Sagan
Salir y adentrarse en el pasaje urbano atril al hombro, buscando paisajes corrientes para (intentar) convertirlos en obra de arte, en un producto cuyo proceso se comienza a gestar en los pasos previos, en el trayecto que obliga la ciudad. Así es como MICH hemos realizado “Chile Dibuja”, actividad que dentro de nuestro lineamiento de itinerancia, busca ese tópico tantas veces citado y pocas veces concretado de acercar el arte a la gente. Premisa que guarda dentro de sí una idea espacial del arte, es decir, estaría lejos y el artista sería un transportador, un nexo entre un objeto inerte y un público pasivo, sin embargo el arte está, pues como manifestación cultural humana es omnipresente como el lenguaje, como el rito, como la comunidad. Otra cosa por cierto, es la conciencia de su presencia, y la involucración en su proceso como sujeto activo.
Si bien es cierto el título “Chile Dibuja” podría parecer aleccionador y pretenciosamente pedagócico, lo cierto es que su ejecución no difiere de cualquier ejercicio personal de creación comúnmente invisible. Es, efectivamente, Chile el que dibuja, no por ser el artista un poseedor de un poder representativo exclusivo, sino que precisamente, por ser parte de ese todo imaginado como nación de forma conciente. El arte ya presente, tan sólo se visibiliza, se une a los otros procesos de la mano de sus creadores; los fragmentos del todo que eligen crear interactúan con sus pares. Chile dibuja, al mismo tiempo que Chile predica el fin del mundo, que juega ajedrez, que pasea indiferente entre el consumo, o que se asombra ante las actividades de sus semejantes, pues independientemente de los difusos conceptos que definen el ser nación, lo cierto es que actúan día a día autoignorándose.
Chile Dibuja es también un saludo a la tradición, a la vieja academia del atril, de la representación pictórica, y por qué no, de la asociación emotiva y personal, de la proyección dentro del cuadro de un exterior como pretexto para asimilar un interior. Las miradas del improvisado público, se juntan con preguntas curiosas o inquisitivas, y la cámara siempre despistada del turista del primer mundo, intenta llevarse la espuma de lo que jamás registrará. La acción propuesta, se sale así del cuadro, se cae de su atril y ronda la Plaza de Armas, el dibujo se vuelve al mismo tiempo prescindible e imprescindible, vivo y muerto como el gato de Schrödinger, pues sin él no hay atril, ni caminata, ni comunicación con el contexto, pero al mismo tiempo, ya nacido el dibujo queda relegado a un testimonio anecdótico de aquel flujo permanente de los Chiles que coexisten y aun gritándose no se escuchan. Si bien debemos conservar la mesura, y no pretender que nosotros seremos los descifradores de estas variedades fragmentarias, al menos esperamos ser delatores de su presencia. Por supuesto, carboncillo en mano.










































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