Crítica culinaria V por Pilar Quinteros
Por Sebastián Riffo el 2 de August de 2011
Crítica culinaria de exposiciones

Crítica culinaria V. Exposiciones visitadas la semana pasada: Exposición de los seleccionados del Concurso Matilde Pérez Arte Y Tecnología Digitales en la Telefónica y Chile Años 70 y 80. Memoria y Experimentalidad, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC Parque Forestal).
Ruta gastronómica de esa noche:
El martes con algunos miembros del Mich (Seba, Selec, Alexis y yo) partimos desde Irarrázaval rumbo a la expo de la Telefónica caminando. Hacía mucho frío y la caminata iba dándonos más y más hambre, esa es la verdad. Para que no se piense mal de nosotros (como que esperamos a que haya inauguraciones para llenar el estanque) nos comimos unas sopaipillas buenísimas en un local de Santa Isabel con Seminario. Eran del tipo caseras con mucho aceite y súper infladas, esas que te dejan satisfecho poco más de una hora (a lo más) debido a su bajo aporte nutritivo.
Era importante comer antes, además, porque la Telefónica es un lugar elegante. Exponer ahí es un gran privilegio dicen y todo ahí exuda perfección… Sumado a lo anterior, es sabido que en público la gente distinguida, de pinta al menos, no come; degusta[1]. He ahí el por qué de las porciones pequeñas en restoranes caros. Nadie puede parecer muerto de hambre… Se hace un cocktail para las inauguraciones por norma general, no es porque la gente tome once a esa hora, cómo se te ocurre, por lo tanto, no se tiene la impericia de cubrir el lugar del evento hasta el cielo con una cantidad abismal de comida. Si no es fonda el asunto[2].
Con respecto a las pequeñas porciones antes mencionadas, habían muchos tipos de quesos: queso de cabra, quesillo, Edam, Camembert, etc., todos ellos cortados en pedazos de 3cms. promedio. O sea que les sentías el sabor y si te gustaba alguno obviamente que querías sacar más, entonces uno se volvía una molestia para el resto de los invitados. Sería mucho mejor cortar pedazos el doble de grandes, o sea de 6 cms. aprox., y así uno se queda más tranquilo.
Había galletas, palitos de masa crujiente y pancitos integrales con amapolas para combinar en una canasta aparte (imagíneselo todo muy pequeño, tanto las canastas como los elementos inmersos en ellas). Los palitos crujientes estaban un poco de más, porque suelen ir junto a alguna pasta untable, queso crema, por ejemplo, y como no era ese el caso resultaban ser demasiado secos.
Los quesos y las galletas se podían ir alternando con maní japonés con distintas cubiertas (picantes, condimentadas), maní normal (out según un artículo que salió hace unos meses en el Mercurio jajaja), pasas y tomates de cocktail enteros que eran divertidos de comer porque te los metías enteros a la boca y explotaban cuando los mordías.
Para beber había vino, un poco amargo a mi gusto, y jugos, siendo, al parecer, el de chirimoya el favorito de la noche, a pesar de ser un poco hostigoso (los críticos culinarios son muy exigentes y mala onda).
La distribución de la comida resultó ser muy afortunada. Estaba dividida en 5 estaciones y los meseros se dedicaron únicamente a servir las bebidas, que se agotaron rápidamente. ¿Y Matilde Pérez? Estaba sentada en un sofá al centro del lobbie con un platito en la mano con todas las variantes de queso en grandes cantidades. Era la reina de la noche. Maestra.
El ambiente en general era un poco frío, mucho cromo en la decoración y una mezcla de celeste y blanco por todos lados, matices que no invitaban a quedarse por mucho rato (porque es invierno), conocía a poca gente y todos parecían hablar de cosas muy serias e importantes, así que decidimos ir al MAC.
En el camino nos encontramos con los manifestantes que están acampando frente a Plaza Italia y los invité a que fueran a buscar comida a la expo de Arte Y Tecnología Digitales, que todavía quedaban algunas cosas. Me acordé de la historia que ronda en mi familia de un tío punk que vivió por un tiempo de la comida que se daba en los museos…
En el Museo de Arte Contemporáneo nos encontramos con una escena totalmente distinta; había mucho ruido y gente tomando vino navegado. Buscamos la mesa del cocktail y nos encontramos con que el mantel estaba asqueroso, lleno de migas de pan, pebre, manchas moradas y vasos plásticos usados por todos lados. En las mesas, los del museo dispusieron dos canastos de mimbre (grandes esta vez) con mucho pan de miga esponjosa en uno y crujiente en el otro. Tanto el pebre como el vino navegado fueron un acierto. El vino, por un lado, estaba bien condimentado, muy picante, mientras que el pebre tenía mejor sabor que aspecto. Su presentación dejaba mucho que desear,chorreaba del plato en el que estaba, pero daba lo mismo porque en conjunto, la bebida y el comestible conformaban una situación muy campestre que acogía a los concurrentes e invitaba a pasar un buen rato con gente agradable. Los de la Chile son buena gente, muy amigables y buenos pa’ la talla.
Y bueno, que más me queda por decir. Ambas expos son merecedoras de una segunda visita, pero por razones muy distintas. La muestra del MAC, por un lado, necesita varias horas, por lo bajo, para verla bien, con dedicación. Está re interesante, mientras que la expo de la Telefónica tiene como desafío que los trabajos sigan funcionando durante toda la muestra. Un trabajo en particular me gustaría ver si logra su cometido finalmente, porque fue el ganador de la noche y nadie pudo verlo en marcha. Fue raro eso.
La Telefónica ofreció un cocktail muy sobrio, con porciones para hamsters. Nota: 5,5
El MAC tenía buenas vibras, el acto de ir a buscar comida estaba libre de tapujos y el vino estaba exquisito. Nota: 7,0
[1] Uno se imagina que ese es el tipo de público objetivo de estas expos. La realidad no se aleja del prejuicio en este caso.
[2] Es un detallito para los invitados, para que se queden un rato más en el lobbie conversando de la vida, o para que no parezca que el evento fue un fracaso de audiencia (alguien debe pensarlo así, con tanta frialdad).









































amén
Que manera de pasarlo bien con la pandilla o como le llamamos ahora la banda de arte MICH, es un estimulo para nuestra sensibilidad andar bien acompañados, la experiencia es segura, interactiva (la relaciones de amistad si funcionan) y sobre todo más divertida.
Una experiencia segura porque hay momentos en el coctel donde no puedes encontrar lo que andas buscando y no falta el amigo que te da el dato exacto… ¿dónde encontraste más vino? ahí alado de las pelolais que hacen lobby. Más interactiva ya que muchas veces no tienes idea de lo que comes o tomas y no falta el partner que te da la información que te falta… échale pebre a los pancitos, esta la raja hueón. Y sobre todo más divertida porque cuando estás con los amigos puedes hablar con la boca llena o chorrear vino cuando te cagas de la risa.
Es que como me dijo un profe una vez, las inauguraciones son una celebración. Es pa ir a pasarlo bien, para encontrarse con los amigos que no veías hace tiempo y que sabes que van a estar ahí, o simplemente para tener un lugar de llegada después de pasear por la ciudad. A veces una expo se convierte en un pre jajaj a veces son super fome y uno termina comprando un completo por ahi cerca.
Y lo que dice Selec es muy cierto, es bueno ir con amigos porque podi tener accidentes con la comida y da lo mismo jajajaj