Pensar el espacio público, allí donde éste se desparrama, es caminar con los ojos bien abiertos. Comprendiendo, por cada paso que damos, la complejidad que significa el hecho de sopesar la contingencia de aquello que nos rodea. Es pensar, también, en esas pequeñas acciones domésticas, en las que diariamente nos encontramos en el contacto con el otro. Ese al que muchas veces conocemos sólo de vista y que diariamente nos entrega -con una sonrisa- el paquete de tallarines para el almuerzo, la bandeja de huevos o el infaltable chocolate.
La creación colectiva trabajada por MICH, nos ha planteado preguntas que sobrepasan el campo estrictamente artístico; ¿es el paradigma individualista-liberal-moderno suficiente para explicar el desarrollo cultural? ¿existen estrategias de asociatividad y de resistencia, con una presencia cotidiana más allá de la esfera artística?. En Vida de Barrio nos planteamos un ejercicio de observación y registro de iniciativas espontáneas referentes a la revalidación de identidades colectivas, como forma de resignificar un habitar urbano en continua fragmentación producto de los efectos del neoliberalismo económico en el acceso a los bienes y servicios. La vida de barrio recogida es aquella que emerge como necesidad de comunidad; cooperación y optimización de los bienes disponibles para beneficio mutuo, incluyendo el componente estético en el manejo consciente de los lenguajes propios de los soportes utilizados. Así los registros audiovisuales, fotográficos o pictóricos, intentan dar cuenta del fenómeno comunitario encontrado tanto por el referente expuesto, como por sus dinámicas internas de construcción. Finalmente, el resultado obtenido apunta a ser inteligible de forma transversal, haciendo siempre explícita su intención y su proceso a la colectividad participante, siendo ésta actor consciente y sujeto potencialmente crítico del objeto final a obtener.
“El dia que el gobierno establezca museos i haga enseñar dibujo en las escuelas públicas;el dia en que los particulares empiecen a proteger a los artistas, ese dia Chile va a ser en América lo que es Italia en nuestra Europa: el pais mas artistico del continente.” (E.Charton)
José M. Blanco.
Revista chilena, Stgo. 1879.
Tomo XV Págs. 236- 239
Chile Dibuja es un taller de dibujo situado en la contingencia del espacio público. Para realizar un Chile Dibuja es necesario visualiza un lugar y un momento determinado. Una vez que llegamos al consenso, masificamos la información a través de nuestra página para que mucha gente participe. En el lugar coordinado disponemos de una mesa, papeles y muchos lápices. Su transcurso se identifica con la lógica de taller, puesto que es un lugar de trabajo que nos permite aprender haciendo, opuesto al aprender diciendo o repitiendo lo que otras personas han dicho.
El Chile Dibuja se realiza exclusivamente en el espacio público, porque es el lugar del encuentro con el otro, con su contingencia, memoria e historia. Como lo expresa Etienne Tassin (1999): “El espacio público es así el lugar y el envite de un ‘vivir juntos’ que no reniega de los particularismos identificatorios pero los trasciende sin embargo en la asunción de un mundo común”. El espacio público es de libre acceso: “Una ciudad que no use el espacio público es una ciudad enferma, porque lo que justifica el espacio público es la presencia de la gente”.
Realizamos el Chile Dibuja para hacer del dibujo una práctica reflexiva, puesto que dibujar en y el espacio público es pensar y ocupar dicho lugar. En ese sentido, le damos valor al dibujo como huella y rastro de nuestra sensibilidad. Éste, en tanto lenguaje gráfico, es forma y contenido. Asimismo es un sistema universal de comunicación, que registra gráficamente — y por tanto perpetúa simbólicamente —, cualquier ser, cosa, contexto o idea.
Este espacio busca establecer nuevas relaciones entre arte y espacio social. Iniciativa que indaga sobre el pliegue de lo contextual, pues hace de una casa particular un lugar para el arte contemporáneo en comunidad.
Como colectivo de arte consideramos necesaria la reflexión respecto a los procesos productivos de las obras, así como el acontecer de su apreciación, en estrecha vinculación con las particularidades experienciales propias de cada autor. Es por ello que en Diálogos de Arte se apunta a satisfacer una necesidad: tender a la disolución de los límites aparentes entre la individualidad del trabajo creativo, y la construcción de sentido discursivo por parte del receptor. Buscamos una instancia de apertura y confrontación tanto honesta como transparente, que logre incluir a los diferentes actores de la institución arte –artista, crítico, curador, espectador, gestor cultural, etc.- no como entes aislados, sino que como posiciones en constante tránsito e interacción. La experiencia hasta el momento ha sido enriquecedora y esclarecedora, pues en la convocatoria, así como en la disposición de los artistas, se recoge una necesidad de abrir e intercambiar los lenguajes, de crear un flujo de información continua que permita solventar las falencias institucionales propias de una sociedad obligada a adaptarse con violencia a una modernidad ajena, con urgencias aún mayores en otros ámbitos del desarrollo humano.
Dentro de nuestra intención de gestionar instancias de participación y reflexión, se ubica la exhibición de películas tanto documentales como de ficción, que se relacionen con los procesos creativos en torno al arte y al desarrollo cultural en general. Privilegiamos las obras de difícil acceso al público (incluso el especializado), en exposiciones sin fines de lucro, como forma de incentivar el interés y el diálogo crítico entorno a una cinematografía de intereses concernientes a nuestra visiónde las artes. Cine MICH funciona así tanto como instancia expositiva y recreativa, que busca servir de interacción y sociabilización del contenido fílmico, y de la recepción que como colectivo hemos hecho de él con los asistentes, creándose así una instancia de apertura y diálogo que involucra en la posible discusión la totalidad de nuestro trabajo.

