“Banda aparte” Mirada, autonomía y ruptura (a propósito de Godard)

“¿No es extraño cómo la gente nunca forma un todo? (…) Nunca viven juntos. Permanecen separados, cada uno va, por su propio camino, desconfiado y trágico. Incluso cuando están juntos, en grandes edificios o en el calle”. Esta es una de las reflexiones con la cual nos interpela Godard en su cinta “Bande à part”, obra en la que se aúnan los lugares de reflexión fuera de contexto en el espacio intradiegético, el montaje poético y, por sobre todo, la ruptura –naciente en la Nouvelle Vague-.

En cuanto al conjunto de relaciones de significados entre unidades conceptuales y lingüísticas se observa una construcción del filme fuertemente a través de la mirada; advertimos a través de los ojos de Odile (Ana Karina), Arthur (Claude Brasseur) y Franz (Sami Frey) una complicidad constante, las miradas entre ellos tres se entrecruzan constantemente y, por sobre todo; la mirada del personaje, por ejemplo que en varias oportunidades Odile “dispara” hacia nosotros los espectadores. Se hace con esto manifiesto el dispositivo, constituido por elementos de ruptura como técnicas de distanciamientos del relato a la vez que nos “someten” a los encantos del argumento.

Es en este sentido, en el que se hace patente el funcionamiento paralelo entre estilo y argumento, reforzándose simultáneamente; un relato que traspasa los límites genéricos, encontrándonos con un argumento con características “románticas” –relación trial entre las distintas personalidades bien marcadas de cada personaje junto a sus expresivas miradas, con Odile siempre al centro-; características también melancólicas, en la que se aprecia con las diversas reflexiones que nos interpelan –como las imágenes de solitarias personas y de un llamativo letrero que nos muestra la palabra “ liberté”- y que se insertan a lo largo del filme, por ejemplo, las interpelaciones de Odile al dispositivo, a nosotros, al cantar-recitar dentro del tren: “Mi corazón se acelera cuando te veo. Las cosas son como son”, para luego proseguir mirándonos e interpelándonos fijamente a nuestros ojos “De vez en cuando la tierra tiembla. La desgracia se parece a la desgracia, tan profundo, tan profundo, tan profundo”, o las penetrantes reflexiones de Franz y que, por cierto, se hacen manifiesto en el dispositivo al igual que las de Odile: “Bueno. Si no hay nada que decir, guardemos un minuto de silencio (…) un minuto de silencio puede ser mucho tiempo. Un verdadero minuto de silencio puede durar una eternidad”.

Es entonces, donde el minuto de silencio se convierte en un minuto de silencio de los diálogos, de la música e incluso del ruido ambiente, mas no de los movimientos de los personajes; todos quedamos en silencio y atrapados tras dicha apelación. Sin embargo, mientras nuestros cuerpos quedan suspendidos y atónitos, nuestro rostro no puede evitar esbozar una sonrisa, al igual que cuando penetramos en la misma Odile al enterarse de la preparación de un plan; nos mira fijamente diciendo de manera inocente: “¿Un plan? ¿Por qué?”.

Esta, una posible dramática comedia melancólica y “despreocupada”, hacen de Banda aparte, un filme que se basa en una historia cuyo argumento y personajes, nos recuerda las imágenes norteamericanas de gangster insertos en una historia con características bien definidas observadas en el cine negro; un hombre frío y calculador, que toma provecho de todo y todos; Arthur –especialmente de su fuente de deseo y de conveniencia, Odile-; Franz, otro hombre que participa activamente de un plan en conjunto, pero que entrega a la cinta un ingrediente de serenidad, calma y “sabiduría” en las situaciones de conflicto -en donde actúa como mediador-, y Odile, la cual pese a manifestarse en el filme como una niña inocente que transitaba en bicicleta, se transforma poco a poco, en una mujer que pierde la candidez y decide hacerse parte del plan –y que se transporta ahora sobre cuatro ruedas junto a Arthur y Franz-, transgrediendo las jerarquías y convirtiéndose poco a poco, a lo largo de la cinta, en una mujer de decisión. Los tres, exentos de intencionalidad, se convierten en una banda con un plan bien definido; hurtar una gran suma de dinero que los patrones de Odile mantienen en su hogar, mediante un asalto premeditado. Todo esto, fortalecido por la música jazz que apreciamos a lo largo del filme.

Dicho esto, podemos inferir que nos encontramos ante una multiplicidad de información que se entremezcla y se disocia. Esta serie de irregularidades al tomar una forma repetitiva -como lo son los tipos de diálogos, la carga de las imágenes y las emotivas miradas, etc.-, llegan a formar estructuras paramétricas que transforman el caos de la cinta, en un orden mediante la autonomía del montaje.

En cuanto a los elementos técnicos del filme, podemos observar que hay una temporalidad lineal al interior del tiempo diegético. Pese a la múltiple utilización elíptica, es absolutamente coherente la linealidad de la historia y, más aún, su coherencia se incrementa al contar con un narrador en tercera persona en voz Over con características omniscientes, el cual, a la vez que relata una historia específica, nos posiciona al interior de los sentimientos más profundos del personaje y proporcionan una sobrecarga conceptual y narrativa a la cinta, como por ejemplo, al describirnos lo que sucedía al interior de la banda al bailar coreográficamente en el bar y al constante inserto de textos en la cinta, ya sea en las murallas, en avisos o en el periódico.

De la misma manera, se hacen presentes características intertextuales, haciendo notables referencias y alusiones -de forma tan seria que llegan a provocarnos risa- a obras literarias, alusiones y citas de filmes pertenecientes al cine tradicional y piezas musicales. Ejemplo de esto; al nombrar a Pat Garrett, a Thomas Hardy, a Arthur Rimbaud e incluso al burlarse de la majestuosidad del Museo de Louvre –visitándolo simplemente para batir el record de recorrido en menor tiempo- o al citar Odile una triste canción en el tren y la carrera de Indianápolis por parte de Arthur, privilegiando con esto Godard, la dimensión lúdica del filme, haciéndonos sentir la relación con el juego como una relación más o menos codificada, significada y significativa.

En cuanto a las opciones predominantes del lenguaje cinematográfico, Godard destaca los primeros planos en los rostros de los personajes, en los cuales se destaca la expresividad de su interior reflejado exteriormente en sus miradas, como por ejemplo al comienzo del filme, donde en menos de un segundo, se muestran alternadamente los rostros de los tres integrantes de la banda.

Estos primeros planos, se manifiestan también al fijar la cámara en sus expresiones en clases, en el tren, entre otros.

En relación a un posible análisis sintagmático, podemos destacar el plano-secuencia y el sintagma alternado. En ambos casos, ejemplificado por la secuencia del robo a la casa de los patrones de Odile –en donde se muestra un plano secuencia al recorrer Franz y Arthur la casa en busca de Odile-, siendo interrumpido más adelante por las imágenes del atraco alternadamente con la salida del tío de Arthur, el cual se dirige a la casa de los patrones de Odile, formando así un montaje alternado, en donde encontramos unidad de tiempo, pero no de lugar ni de efecto.

Ahora bien, en cuanto a las dinámicas externas del filme, destacamos el movimiento distintivo de la cámara en travelling –como por ejemplo al mostrar los viajes en bicicleta de Odile o los trayectos en auto de Arthur y Franz-, y las notables panorámicas del dulce y manso río Sena o de las panorámicas que muestran grandilocuentemente a la ciudad parisina.

Banda aparte es una reflexión acerca del cine, de sus géneros y sus dispositivos, los cuales Godard nos los entrega constantemente para reforzar el argumento y la técnica simultáneamente de la cinta y, denotando finalmente su crítica irónica y burlesca a la bagatela del melodrama y su típico desenlace “romántico” entre los personajes principales; Odile y Franz “felices” viajando en auto y planeando un viaje al extranjero.

Banda aparte es un filme que gracias a sus rupturas, a sus quiebres y disyunciones, logra interiorizarnos y hacernos parte del argumento de la cinta, construyendo una historia mediante el vínculo de relaciones independientes y autónomas.

Cynthia Pedrero Paredes

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